
No es “la edad”. Es dolor.
Quiero que mi perro vuelva a moverse sin sufrir
Hay cosas que pasan tan poco a poco que tu cabeza las traduce como “algo normal”.
Pero los perros no dicen “me duele”. Ese “normal” es el gran engaño.
Te cuentan lo que les pasa sin gritar, con detalles pequeños… hasta que un día el cuerpo dice basta.
La historia de Pablo y Lúa
Pablo tiene 39 años. Vida ajetreada, horarios largos de trabajo.
Lúa, su perra, tiene 8 años; es un cruce de labrador. Siempre ha sido una perra "normal": paseos, juegos, sofá, carreras.
Cuando empezó a cambiar, a Pablo no le sonó a alarma. Sonó a rutina:
-
ya no sube al sofá como antes (“se habrá vuelto más tranquila con la edad”)
-
tarda más en levantarse (“está menos ágil”)
-
al bajar escaleras va más despacio (ya pasó la "etapa loca de joven")
-
juega menos (es que "ha sentado la cabeza")
-
a veces se lame una pata de forma insistente (“son manías”, es que se "aburre")
Nada urgente. Nada escandaloso.
Y Pablo pensó: “bueno… será la edad”. Es lo que dice todo el mundo en el parque...
Hasta que una mañana, cuando Pablo fue a ponerle el collar para salir a la calle, Lúa no se levantó de su cama.
No quería salir de casa. Y si intentaba tocarla, se quejaba; casi mordió a Pablo. Llegó a orinarse encima, tumbada en su cama.
Pablo se quedó helado: “¿Qué le pasa si ayer estaba bien!??”
Y ahí llega el golpe que vemos demasiadas veces en consulta:
Lúa tiene una artrosis avanzada que le ocasiona tanto dolor que apenas puede moverse. En un primer momento, esto le hace a Pablo plantearse una eutanasia.
El problema de Lúa no empezó hoy ni ayer.
Empezó cuando Lúa dejó de saltar para coger la pelota en el parque.
Cuando tardó más en levantarse de la siesta.
Cuando el paseo se hizo “más corto” sin darte cuenta.
Y lo más duro no es el diagnóstico.
Es entender que Lúa llevaba tiempo aguantando su dolor en silencio. No era cosa de la edad. Era dolor. Era un problema sin tratar.
¿Por qué te lo cuento?
Porque si ahora estás pensando:
“mi perro está bien, solo se mueve un poco menos…”
Esto es exactamente lo que piensa casi todo el mundo antes del susto.
La diferencia entre detectarlo pronto o tarde suele ser:
-
revisar a tiempo
-
aprender a leer señales sutiles
-
tener un plan (y no ir apagando fuegos)
No se trata de vivir con miedo.
Se trata de vivir con tranquilidad… y con tu perro sin dolor y disfrutando de la vida.
Señales que NO conviene normalizar
Si estás viendo una o varias, no lo dejes para “cuando tengas un hueco”:
-
a tu perro le cuesta levantarse o se nota rígido al empezar a caminar
-
evita saltar, subir al coche o las escaleras
-
juega menos, corre menos, se tumba antes
-
cojea “a ratos” o después del ejercicio
-
cambia el humor: está más irritable o más apático
-
se lame una articulación/pata con insistencia
-
pierde masa muscular o engorda porque se mueve menos
No hacer nada no mejora el dolor articular: lo suele cronificar.
Club Argos: para no estar solo/-a ante las dudas
Ser socio/-a del Club Argos es tener acompañamiento para entender qué es “normal” y qué no… antes de llegar tarde:
-
te ayudamos a identificar señales reales para diferenciar lo "normal" de lo que es enfermedad
-
te decimos cuándo conviene revisar (sin esperar a que “cojee mucho”)
-
te ayudamos en el diagnóstico temprano del problema y te damos soluciones reales desde el minuto 0
-
te guiamos y acompañamos durante todo el proceso
Aquí no te soltamos un “vigílalo” y ya.
Te damos criterio, seguimiento y apoyo.
Deja de jugar a la ruleta con el dolor de tu perro.
Plan de Salud Argos: prevención real, sin improvisar
Los problemas articulares no siempre se pueden evitar.
Pero sí se pueden detectar antes y manejar mucho mejor, con más opciones de tratamiento cuando se actúa a tiempo.
Con nuestro Plan de Salud tienes una estructura clara:
-
revisiones periódicas
-
controles "cuando toca" (para decidir con datos, no con dudas)
-
seguimiento de peso y condición corporal
-
pautas de ejercicio y hábitos para proteger articulaciones
-
decisiones a tiempo, sin esperar a que se complique el problema o no tenga solución
-
diagnóstico y tratamiento tempranos
Tu perro no puede pedirte ayuda con palabras.
Pero tú sí puedes darle algo más valioso: alivio y anticipación.
Porque el tiempo importa. Mucho.
¿Cuánto tiempo más vas a dejar que tu perro viva con dolor “normalizado”?
Si después de leer esto no decides, también estás decidiendo
Hoy puedes seguir confiando en el azar… o puedes elegir tranquilidad.
Que nunca tengas que decir: “Si lo llego a saber antes…”
Porque en nuestros perros, muchas veces, lo grave puede pasarte desapercibido, no hace ruido.
Y cuando hace ruido… suele ser tarde.






